Maridaje de verano con vinos de Andorra

Copa de vino

Hay vinos y vinos. Y entre todos ellos, los vinos de altura. Los Vins d’Alçada (como los llaman en Andorra) son los que se cultivan a más de 1.200 metros sobre el nivel del mar, en las terrazas que perfilan las laderas de las montañas andorranas. Allí, combatiendo los fríos inviernos y superando todo tipo de condiciones climáticas que, a priori, pueden parecer adversas al cultivo de viñedos, se produce uno de los vinos blancos con más carácter de Europa: el Escol, una variedad que se produce a partir de la uva Clos y que es capaz de maridar con casi cualquier plato que se ponga sobre la mesa.

Este vino es uno de los milagros de Andorra. Una tierra en la que la nieve, el tabaco y la ganadería han sido siempre los motores de todo, surge uno de los caldos más exclusivos de centroeuropa. Un lujo dentro de la enología, que sobrevive al frío y largo invierno y que se vendimia de forma totalmente artesanal.

Para disfrutarlo, basta con acercarse a la Borda Sabaté, en la carretera de la Muxella, dentro del municipio de Sant Julià de Lòria. Allí, entre campos de tabaco que ya no son lo que eran, se abre la finca privada de la familia propietaria de esta borda mítica en Andorra. Sus terrenos merecen una visita por el simple hecho de poder disfrutar de las maravillosas vistas que ofrecen las terrazas donde se cultivan los viñedos. Su ambiente, rodeado de ese verdor único que solo Andorra en verano puede ofrecer, es pura calma, pura paz. Perfecto para desconectar del mundo y perderse entre sus aromas. Naturaleza de mil formas, colores y sabores.

Porque el sabor de este vino de altura es lo que lo hace realmente único. Es cierto que sorprende por el simple hecho de ser cultivado en las montañas, pero sus matices son los que provocan esa sensación incomparable en el paladar que hace que tantos y tantos especialistas en vinos del mundo hayan fijado su atención en este pequeño rincón vinícola de Andorra, donde todo su cultivo es absolutamente ecológico.

Cultivar las cepas es todo un arte y como tal lo entienden en esta firma familiar, donde cada detalle importa y donde el resultado es el que habla por sí mismo. Ver el proceso y dedicación que esta gente imprime en sus tareas diarias explica en cierta medida esa calidad excepcional del caldo que obtienen, acorde con el hermoso paisaje que lo ve crecer y madurar.

Pero si se habla de vinos en Andorra no nos podemos quedar solo en esta finca de La Muxella. Junto a la Borda Sabaté, hay otras firmas implicadas en darle al vino andorrano el mimo y la visibilidad que se merece como es el caso de Casa Auvinyà. En conjunto los llamados “cellers” producen en Andorra alrededor de unas 12.000 botellas de vino cada año de variedades diversas entre las que destacan, además del Escol, el Imagine, los vinos “negres” del Principado y el Cim del Cel.

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